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Operación “Caudal”: Harfuch y Delfina versus el huachicol de agua potable

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La “Operación Caudal” implementada por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) en coordinación con el Gabinete de Seguridad Federal, ha expuesto la compleja dinámica entre el combate al crimen organizado, la gestión de recursos esenciales y la estabilidad social en el Valle de México.

La existencia de tomas clandestinas y pozos ilegales, presuntamente operados por redes criminales (algunas con fachada de organizaciones sociales o sindicatos) y en posible complicidad con autoridades, transforma la escasez de agua en un negocio ilícito de alto impacto social. Este fenómeno no solo desvía un recurso vital para miles de familias, escuelas y hospitales, sino que también contribuye al colapso hídrico de la región. La “Operación Caudal,” al clausurar pozos e incautar cientos de pipas en 48 municipios del Estado de México, representa una acción necesaria y contundente del Estado para recuperar el control sobre la infraestructura hidráulica

El Huachicol de Agua: Un Problema de Seguridad Nacional

La existencia de tomas clandestinas y pozos ilegales, presuntamente operados por redes criminales (algunas con fachada de organizaciones sociales o sindicatos) y en posible complicidad con autoridades, transforma la escasez de agua en un negocio ilícito de alto impacto social. Este fenómeno no solo desvía un recurso vital para miles de familias, escuelas y hospitales, sino que también contribuye al colapso hídrico de la región. La “Operación Caudal,” al clausurar pozos e incautar cientos de pipas en 48 municipios del Estado de México, representa una acción necesaria y contundente del Estado para recuperar el control sobre la infraestructura hidráulica.

La Reacción de los Piperos: Desabasto y Paralización 🚧

La respuesta a la acción gubernamental ha sido inmediata y paralizante: los bloqueos masivos de piperos en las principales entradas al Valle de México y la Ciudad de México (CDMX). Esta protesta, si bien es una reacción al cese de su fuente de suministro —legal o ilegal—, genera un caos vial y, paradójicamente, agrava la crisis de desabasto en zonas que dependen exclusivamente de la distribución por pipa.

Los piperos argumentan que la Operación Caudal no distingue entre quienes operan en la legalidad y las redes delictivas, afectando su fuente de trabajo y dejando a la población sin acceso al líquido. No obstante, la magnitud y la organización de los bloqueos sugieren una capacidad de movilización y presión que, intencional o no, actúa como un músculo de respuesta frente a la intervención estatal en un negocio extremadamente rentable. Esto subraya la compleja trama de actores que se benefician de la informalidad y la ilegalidad en el sector hídrico.

Si bien el objetivo de combatir el huachicol de agua es innegociable por ser una cuestión de justicia hídrica y seguridad pública, la ejecución de la “Operación Caudal” es susceptible de crítica en dos ejes:

  1. Falta de Planeación de Contingencia: El cierre masivo de puntos de carga, legítimos o no, sin un plan de contingencia claro para el abasto de emergencia a la población afectada, fue un error estratégico. Esto trasladó inmediatamente el costo de la operación a los ciudadanos y creó las condiciones perfectas para la presión social ejercida por los bloqueos de los piperos. La Unión Industrial del Estado de México también ha señalado esta falta de gradualidad en la “embestida” contra el robo.
  2. Riesgo de Coacción y Negociación Innecesaria: La paralización de las entradas a la CDMX pone a prueba la determinación del gobierno. Si las autoridades ceden a la presión y reabren pozos sin una auditoría exhaustiva o sin garantizar la plena legalidad, se enviará el mensaje de que la violencia vial y la coacción son herramientas efectivas para revertir acciones de seguridad. La acción legal contra el huachicol debe ser firme e inamovible, mientras que la solución al desabasto debe ser garantizada por canales alternos y transparentes.

En conclusión, la operación conjunta contra el huachicol de agua es un paso fundamental para desarticular redes criminales y asegurar un recurso vital. Sin embargo, los bloqueos demandan una respuesta de dos vías: firmeza en la aplicación de la ley para no legitimar el chantaje, y una estrategia de abasto emergente (incluyendo el diálogo con piperos legítimos y la transparencia de los pozos clausurados) para no castigar a la ciudadanía. La batalla por el agua es ahora también una batalla por el control del territorio y la defensa del Estado de derecho.

No REYES! El llamado de la sociedad gringa contra el autoritarismo de Trump

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Más que una simple manifestación de descontento político, el movimiento se ha articulado como una defensa existencial de los principios fundacionales de la república estadounidense frente a lo que sus organizadores y participantes perciben como una deriva autoritaria y un abuso de poder sin precedentes.

Un aspecto fundamental de la estrategia de “No Kings” es su compromiso inquebrantable con la acción no violenta. Los organizadores establecieron un principio rector claro: los participantes deben buscar activamente “desescalar cualquier posible confrontación con aquellos que no están de acuerdo con nuestros valores y actuar legalmente en estos eventos”. Además, se prohibió estrictamente llevar “armas de cualquier tipo, incluidas las legalmente permitidas”.

La movilización del 18 de octubre alcanzó una magnitud impresionante, reflejando una profunda capacidad organizativa a nivel de base. Los reportes de los organizadores indican que la protesta se articuló en más de 2,700 eventos coordinados en los 50 estados de la Unión, el Distrito de Columbia y se extendió a ciudades a nivel internacional alcanzando a sumar a más de 7 millones de personas, 14 veces más que la participación total en las dos inauguraciones de Donald Trump.

El éxito del movimiento “No Kings” radica en su capacidad para unificar una base de oposición extremadamente diversa —desde activistas por los derechos reproductivos y el clima, hasta sindicatos y comunidades migrantes— bajo un único paraguas ideológico: la lucha contra el autoritarismo.

La fuerza del lema radica en su simplicidad y su resonancia constitucional. Al acusar al presidente de actuar como un monarca, el movimiento desplaza el debate de la mera política partidista a una cuestión de principios republicanos. Los carteles enfatizaron la raíz histórica de esta resistencia: “Sin Reyes desde 1776”.

La Casa Blanca y líderes del partido buscaron enmarcar el movimiento como extremista y violento y, ante la persistencia de las protestas, especialmente aquellas ciudades relacionadas con las redadas migratorias en California, Trump escaló la situación mediante el despliegue de fuerzas federales. Ordenó el envío de 4,000 efectivos de la Guardia Nacional y 700 Marines  a ciudades como Los Ángeles.   

El despliegue militar federal generó una intensa fricción con las autoridades locales, un conflicto que expuso la fragilidad del equilibrio constitucional y el federalismo en Estados Unidos. El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, y la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, criticaron duramente la orden de Trump, señalando que el despliegue se hizo sin consultar a las autoridades locales. Calificaron la acción como “desproporcionada” y “provocadora”. Las autoridades locales argumentaron que la mayoría de los manifestantes eran pacíficos, que la policía local tenía la situación bajo control, y que la presencia militar federal solo servía para “inflamar una situación potencialmente explosiva”

El movimiento ‘No Kings’ ha sido crucial para el progresismo global, sirviendo como un referente de resistencia interna a la ola de derechas autoritarias.  La lucha entre la autoridad federal y la autonomía estatal, personificada en el conflicto con los gobernadores demócratas, es el indicador más crítico de la salud institucional de Estados Unidos. Mientras los contrapesos institucionales logren frenar la imposición militar unilateral, el diagnóstico de una “dictadura” totalitaria seguirá siendo una hipérbole movilizadora, pero la tensión continuará elevándose peligrosamente. La resistencia “No Kings” no es el fin del conflicto, sino la consolidación del frente de batalla para los próximos ciclos políticos.

PAN: La refundación del privilegio

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Recientemente Acción Nacional anunció el relanzamiento del partido, señalando cambios en su política de alianzas y apertura a la sociedad, sin embargo este cambio sonó hueco, despertando críticas y escepticismo en las redes sociales.

El escepticismo se centra en la aparente incapacidad de la dirigencia para emprender una autocrítica estructural genuina y realizar la necesaria rotación de cuadros, lo que sugiere que las reformas son superficiales y están destinadas a perpetuar el control de las élites internas

Uno de los pilares del relanzamiento fue el anuncio oficial de romper la alianza con el PRI, una decisión impulsada por el actual líder, Jorge Romero. En su discurso, Romero fue categórico: el futuro del PAN “no depende, ni dependerá de ninguna alianza partidista, ni pasada ni presente ni futura,” apostando todo a la fuerza interna del partido.

Una ruptura superficial pues la élite que se benefició de las alianzas perdedoras es la misma que ahora dirige la “refundación” (la camarilla de Romero). El partido intenta resolver un problema de percepción externa (el desgaste del PRI) sin purgar sus propios vicios internos que llevaron al fracaso electoral.

En el plano ideológico, el PAN reafirmó un retorno a sus principios fundacionales y una consolidación de su identidad de derecha, bajo el eslogan “patria, familia y libertad”. Romero enfatizó que la nueva oferta política y narrativa se basará en la “fidelidad total a nuestra doctrina” y el legado de sus fundadores.

La dirigencia anunció también una “apertura total” para la afiliación de cualquier ciudadano y un nuevo esquema para la elección de candidaturas. Jorge Romero prometió que “se acabaron las designaciones como criterio único”. 

Los nuevos mecanismos incluyen elecciones primarias abiertas a la ciudadanía, encuestas y el voto de los militantes, buscando procesos más transparentes y que tomen en cuenta la opinión de la gente. Sin embargo, la mera modificación de estatutos es insuficiente si los filtros de poder fáctico dentro de la dirigencia no se remueven.

Los cambios anunciados —el rediseño del logotipo, la cancelación de la estrategia de alianzas con el PRI y la redefinición de banderas— no logran mejorar la “competitividad de cara a las urnas”. El PAN, al optar por una reivindicación del pasado calderonista y un retorno a la ideología dura de “Patria, Familia y Libertad” , eligió un posicionamiento de refugio ideológico sobre uno de expansión electoral.

Si el partido no logra realizar la autocrítica “sincera” sobre las causas de sus derrotas  y continúa manteniendo en la dirigencia a figuras que encarnan sus “vicios” , el relanzamiento será recordado no como una refundación auténtica, sino como el momento en que el PAN priorizó la supervivencia de su camarilla interna sobre la necesidad de reconectarse con la sociedad y construir una alternativa creíble para 2027.

La caída de Dina Boluarte en Perú y la ausencia de un horizonte de estabilidad

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La caída de Dina Boluarte de la presidencia de Perú fue consecuencia de una combinación de factores que incluyen escándalos de corrupción, una gestión percibida como ineficaz y un nivel de desaprobación ciudadana que ha llegado a ser el más alto de la región (superando el 90%).

¿Cómo se explica que el Congreso la haya destituído después de años de comparsa?

Al menos 4 factores explican la debacle del gobierno de derecha en el país del ceviche y la papa:

  1. Gobierno sin base social: Boluarte asumió la presidencia tras la destitución de Pedro Castillo, pero nunca logró consolidar una base de apoyo social o político propia. Los expertos señalan que su gobierno se sostuvo mediante una “alianza tácita” con un Congreso controlado por la derecha y la extrema derecha, que priorizó la estabilidad política por encima de la demanda de adelanto de elecciones de la ciudadanía.
  • Erosión democrática e impunidad: en un año su presidencia sufrió una fuerte erosión democrática y notables retrocesos institucionales. Desde el uso excesivo de la fuerza durante las protestas iniciales (2022-2023), que dejó un alto saldo de muertes de jóvenes principalmente, hasta el intento de debilitar organismos de control como la Junta Nacional de Justicia (JNJ), lo que llevó a la sociedad a lanzarse a las calles a protestar en su contra.
  • Corrupción y desconexión: El caso de los relojes de lujo (Rolex) y el aumento salarial en medio de una crisis económica fueron vistos como la manifestación de una profunda desconexión con la realidad del país, especialmente con la población en situación de pobreza. Este tipo de escándalos agravó el ya deteriorado vínculo entre la clase política y la ciudadanía.
  • Oportunismo político: La vacancia de Boluarte es percibida por algunos como un acto de “oportunismo político” por parte de un Congreso igualmente impopular, que buscó distanciarse de una figura insostenible a medida que se acercaban las elecciones, más que una acción genuinamente orientada a resolver la crisis de gobernabilidad.

Expectativas para la Presidencia de Perú

Las expectativas de los expertos para el futuro inmediato de la presidencia de Perú son generalmente pesimistas y están marcadas por la volatilidad y la inestabilidad sistémica:

  1. Continuidad de la inestabilidad: Se espera que el sucesor de Boluarte, José Jeri (o quien asuma), enfrente los mismos desafíos de ingobernabilidad, dada la persistente crisis del sistema de partidos y la bajísima legitimidad del Congreso. El país opera en un ciclo de inestabilidad crónica donde la amenaza de una nueva crisis o vacancia presidencial permanece latente.
  1. Reformas en el debate: Las expectativas a mediano plazo se centran en el debate de reformas constitucionales impopulares pero necesarias para frenar la crisis institucional, como el retorno a la bicameralidad y la revisión de la figura de la “permanente incapacidad moral” (el mecanismo de impeachment utilizado para destituir presidentes).
  1. Poder del Congreso: Se anticipa que el Congreso seguirá siendo el actor de mayor poder fáctico, controlando la agenda política y ejerciendo una influencia desmedida sobre el Ejecutivo.
  1. Apatía y movilización: La principal incertidumbre reside en la reacción ciudadana. Si bien la economía se ha mantenido estable, los problemas de inseguridad, corrupción y la percepción de que la élite política está “blindada” pueden reactivar las protestas sociales, manteniendo al país al borde de una nueva crisis política.

En resumen, la caída de Boluarte es vista como un síntoma de una democracia seriamente disfuncional en la que la estabilidad institucional se compra al precio de la legitimidad y la rendición de cuentas.

Trump versus Petro: la escalada de amenazas contra América Latina

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La tensión diplomática entre los presidentes Donald Trump de Estados Unidos y Gustavo Petro de Colombia ha escalado drásticamente, luego de que el mandatario estadounidense anunciara la suspensión total de los pagos y subsidios de EE. UU. a Colombia, acusando a Petro de “no hacer nada para detener” la producción de drogas y descalificándolo personalmente como “líder de la droga ilegal”.

Uno de los puntos de mayor fricción que precipitó la escalada fue la contundente declaración de Gustavo Petro en Nueva York, durante su visita para la Asamblea General de la ONU. El presidente colombiano se dirigió a una multitud de manifestantes y, en un acto calificado como “incendiario” por la administración Trump, hizo un llamado directo a los militares estadounidenses:

Petro instó a los soldados estadounidenses a “no apuntar sus armas a civiles inocentes” y a “desobedecer las órdenes” del presidente Donald Trump.

Esta declaración, interpretada por el Departamento de Estado de EE. UU. como un llamado a la “desobediencia” e “incitación a la violencia”, tuvo una consecuencia inmediata: la revocación del visado de Petro

El presidente Trump utilizó su plataforma de redes sociales para calificar a Gustavo Petro como “un líder de la droga ilegal” con “una boca fresca hacia Estados Unidos”, y advirtió que si Petro no cierra las operaciones de drogas, “Estados Unidos las cerrará por él, y no se hará amablemente”.

Esta advertencia y la orden de corte inmediato de la asistencia económica se suman a previas acciones de la administración Trump, como la descertificación parcial de Colombia en la lucha antidrogas.

Gustavo Petro ha respondido enfáticamente a las acusaciones, negando ser un narcotraficante y defendiendo su historial de lucha contra las drogas, señalando que “El principal enemigo que tuvo el narcotráfico en Colombia, fue en el siglo XXI, el que le descubrió sus relaciones con el poder político de Colombia. Ese fui yo”. El presidente colombiano ha calificado a Trump de “grosero e ignorante hacia Colombia” y lo ha instado a “leer bien a Colombia”.

Una escalada que eleva el nivel de confrontación de Trump con Latinoamerica y pone en riesgo la estabilidad política de la región, lo que paralelamente aumenta la movilización interna en Estados Unidos.

Entre el Lodo y el Espejismo Político: La Deuda con los Vulnerables de Veracruz e Hidalgo

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La tragedia de las inundaciones en Veracruz e Hidalgo no es solo un fenómeno meteorológico, sino la dramática y previsible consecuencia de décadas de frivolidad y negligencia gubernamental a nivel local. Mientras las aguas de los ríos desbordados arrastraban viviendas y vidas, la respuesta inicial en ambos estados pareció ahogarse en la inacción o, peor aún, en la desorganización, revelando un rostro deshumanizado de la administración pública que prioriza la imagen sobre la vida de sus ciudadanos más vulnerables.

En regiones como la Sierra Otomí-Tepehua en Hidalgo o la zona norte de Veracruz, el saldo de 72 muertos y 48 desaparecidos (cifra que la emergencia obliga a actualizar constantemente) no solo interpela al clima, sino al manejo del territorio. ¿Dónde quedaron los presupuestos para desazolve? ¿Por qué se permitió la urbanización descontrolada en zonas de alto riesgo? La ausencia de protocolos de alerta efectivos y la lentitud en la movilización de Protección Civil y ayuda humanitaria en las primeras horas críticas son un testimonio de que, para ciertos gobiernos locales, la prevención sigue siendo un gasto y no una inversión.

Esta crisis ha puesto en relieve la carencia de una auténtica cultura de gestión de riesgos, sustituida por la respuesta reactiva y el “zopiloteo” político que la propia presidenta Sheinbaum ha criticado. Sin embargo, la crítica debe ir más allá de los medios. Es la administración en turno, a nivel estatal y municipal, la que debe rendir cuentas por la falta de coordinación y la desidia pre-desastre, factores que transformaron un evento natural extremo en una catástrofe social de vastas proporciones.

El Rol de la Presidenta: La Intervención Federal como Último Recurso

En este panorama de colapso local, la figura de la Presidenta Claudia Sheinbaum emerge con un rol protagónico y centralizador en la atención de la emergencia. Sus visitas a las zonas afectadas (Poza Rica, Huauchinango, etc.), la activación inmediata de los planes DN-III-E y Marina, y el compromiso de destinar 19 mil millones de pesos y “todos los fondos necesarios” para el desamparo, han sido la válvula de escape para miles de damnificados.

Sheinbaum está asumiendo, de facto, la responsabilidad de garantizar que “nadie quedará desamparado”. Esta intervención federal, aunque necesaria y urgente para atender a los más vulnerables, exhibe y subraya la debilidad institucional y la inoperancia de los gobiernos locales. El reclamo de la gente a pie de campo, dirigido a la presidenta sobre la ineficacia de sus gobernadores y alcaldes, es un poderoso termómetro político.

La presidenta ha logrado canalizar la “fuerza del Estado mexicano” para la atención directa —desde el censo de viviendas para la reconstrucción hasta el restablecimiento de servicios básicos—, demostrando una operatividad que contrastó con la confusión local. Esto, si bien le otorga un capital político ante la desgracia, también la obliga a un ejercicio de autocrítica profundo sobre la calidad de los cuadros y la gestión de riesgo en los niveles inferiores de gobierno de su propia coalición.

La lección de Veracruz, Puebla e Hidalgo es brutal: las prioridades políticas y las mezquindades presupuestales tienen un costo humano y no deben ser silenciadas bajo el argumento de no “buscar culpables”. La atención a los más vulnerables no puede depender de la intervención de última hora del Gobierno Federal. Es imperativo que la reconstrucción no solo repare el daño material, sino que reestructure la capacidad de respuesta y prevención de cada rincón del país, para que la próxima lluvia extrema no nos encuentre, de nuevo, desarmados y negligentes.

The Trump Pact: A Pyrrhic Victory in Gaza

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The peace agreement proposed by Donald Trump for Gaza, accepted by Israel and Hamas in its initial phase, imposes a temporary halt to two years of systematic destruction. This truce, mediated by Qatar and Egypt, pauses the genocide but reinforces the dynamics of domination that the United States and Israel have imposed on Palestine. Washington’s complicity in the Holocaust in Gaza and the hypocrisy of prioritizing allies over international law emerge as pillars of a superficial pact that does not alleviate structural causes. Academics estimate that the real death toll in Gaza is 12 times the official figure, a third of the total population.

Trump’s plan includes the exchange of hostages and prisoners, freeing some twenty Israelis alive for nearly two thousand detained Palestinians. This restores fragments of humanity in a conflict that has fragmented entire families. Arab mediators have facilitated this pragmatic de-escalation, essential for any semblance of reconstruction. However, this release comes too late for thousands of Palestinians extrajudicially executed by Israeli forces, a toll the agreement completely ignores.

The opening of humanitarian corridors marks another concrete step forward, allowing the entry of food, medicine, and equipment to clear rubble. Under Trump’s framework, this phase will rehabilitate hospitals and provide water and electricity, reversing months of deliberate siege. Survivors will be able to rebuild shattered lives, a relief that mitigates the famine imposed by the Israeli blockade. Still, these flows depend on the good faith of an occupier who has used hunger as a weapon, calling into question their true sustainability.

The partial withdrawal of Israeli troops to buffer zones creates a respite in Gaza, temporarily ceding control to transitional Palestinian forces. This enables the return of hundreds of thousands of displaced people, opening avenues for internal mobility. The plan, in theory, paves the way for future negotiations, but only if Israel keeps its promises. The history of previous violations, such as the end of the ceasefire in March 2025, suggests that this withdrawal is more tactical than transformative, preserving military supremacy.

The problems with the agreement, however, reveal its deep bias toward Israel’s expansionist agenda, backed by Washington. Hamas’s demand for total disarmament, without counterparts for Israel’s nuclear arsenal, amounts to a forced surrender that dismantles Palestinian resistance. This perpetuates impunity for war crimes, allowing massive bombings to go unaccountable. The United States, as the main arms supplier, orchestrates this asymmetry to keep Israel untouchable, betraying any notion of international equity.

Transitional governance, entrusted to an apolitical Palestinian committee overseen by a “Peace Council” chaired by Trump, dilutes Palestinian self-determination. This neocolonial structure invites external interventions that turn Gaza into a controlled enclave, where local factions are marginalized. Israel maintains a military presence at its borders, and the United States administers reconstruction funds, prioritizing allied contractors over genuine needs. Such a model is not peace, but a prolongation of apartheid disguised as benevolence.

In the long term, the omission of permanent borders or the end of the blockade condemns Gaza to perpetual isolation, without a viable Palestinian state. Expansionist Zionism, fueled by US subsidies, continues to devour land without restraint, only postponing the cycle of violence. Resources to build on the rubble are conditioned on submission, deepening inequalities that benefit foreign powers. Without dismantling this hegemony, the agreement sows resentments that will inevitably erupt.

In essence, Trump’s pact stops bullets but buries Palestinian rights under layers of domination. Washington and Israel emerge strengthened, while Gaza languishes like a festering wound. Relentless global scrutiny is imperative to demand real justice, not this mirage of peace. Otherwise, history will judge this armistice as a mere interval in continuing oppression.

特朗普协议:加沙惨胜

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唐纳德·特朗普为加沙提出的和平协议,在初始阶段就得到了以色列和哈马斯的接受,该协议暂时停止了长达两年的系统性破坏。这项由卡塔尔和埃及斡旋的停火协议,暂停了种族灭绝,但却强化了美国和以色列对巴勒斯坦施加的统治。华盛顿在加沙大屠杀中的共谋行为,以及将盟友置于国际法之上的虚伪,构成了这份肤浅协议的支柱,而这份协议并不能缓解结构性问题。学者们估计,加沙的实际死亡人数是官方数字的12倍,占总人口的三分之一。

特朗普的计划包括交换人质和囚犯,释放了大约20名活着的以色列人,换来近2000名被拘留的巴勒斯坦人。这在一场已经撕裂整个家庭的冲突中,重建了人性的碎片。阿拉伯调解员促成了这一务实的缓和,这对于任何形式的重建都至关重要。然而,对于数千名被以色列军队法外处决的巴勒斯坦人来说,此次释放来得太晚了,而该协议完全忽略了他们的损失。

人道主义走廊的开通标志着又向前迈出了坚实的一步,允许食品、药品和清理废墟所需的设备进入。在特朗普的框架下,这一阶段将重建医院并提供水电,扭转数月的蓄意围困。幸存者将能够重建破碎的生活,这笔救济金将减轻以色列封锁造成的饥荒。然而,这些物资的流动依赖于占领者的诚意,而占领者却将饥饿作为武器,这使其真正的可持续性受到质疑。

以色列军队部分撤至缓冲区,为加沙地带带来了喘息,暂时将控制权移交给巴勒斯坦过渡部队。这使得数十万流离失所者得以返回家园,为内部流动开辟了途径。该计划理论上为未来的谈判铺平了道路,但前提是以色列信守承诺。此前以色列违反停火协议的历史,例如2025年3月停火协议的终止,表明此次撤军更多是出于战术考虑,而非变革性目的,旨在维护军事优势。

然而,该协议存在的问题暴露了其对以色列扩张主义议程的深刻偏见,而这一议程得到了华盛顿的支持。哈马斯要求全面裁军,却没有以色列核武库的对应要求,这无异于强迫投降,瓦解了巴勒斯坦的抵抗力量。这延续了战争罪的逍遥法外现象,使大规模爆炸事件无法追究责任。作为主要武器供应国,美国精心策划了这种不对称局面,使以色列无法触及,背叛了任何国际公平的理念。

过渡治理委托给一个由特朗普主持的“和平委员会”监督的非政治性的巴勒斯坦委员会,削弱了巴勒斯坦人的自决权。这种新殖民主义结构引发外部干预,将加沙变成一个受控制的飞地,当地派系被边缘化。以色列在其边境维持军事存在,美国管理重建资金,优先考虑盟军承包商而非真正的需求。这种模式并非和平,而是以仁慈为幌子延续种族隔离。

长远来看,永久边界的取消或封锁的结束,将使加沙永久孤立,无法建立一个可行的巴勒斯坦国。在美国补贴的推动下,扩张主义犹太复国主义继续肆无忌惮地吞噬土地,只是推迟了暴力循环。在废墟上建设的资源以屈服为条件,加剧了有利于外国势力的不平等。如果不瓦解这种霸权,该协议将播下怨恨的种子,而这些怨恨终将爆发。

本质上,特朗普的协议阻止了子弹的射出,但却将巴勒斯坦人的权利埋葬在层层统治之下。华盛顿和以色列的关系日益加强,而加沙则像一个溃烂的伤口一样日渐衰弱。国际社会必须持续不断地审视,才能要求真正的正义,而不是这种虚幻的和平。否则,历史将把这场停战仅仅视为持续压迫的短暂间歇。

拉里·埃里森:沉默寡言的寡头及其武装遗产

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甲骨文创始人拉里·埃里森向以色列国防军(IDF)投入了数千万美元,直接资助了其战争机器。2017年,他向以色列国防军之友捐赠了1660万美元,这是该组织历史上最大的一笔单笔捐款,用于在新的训练基地为新兵建造福利设施。此前,在2014年,他又捐赠了1000万美元,用于奖学金和伤残士兵的资助,根据税务记录和媒体报道,总额至少达到2600万美元。这些资金用于补贴参与加沙和西岸地区有争议行动的部队的制服、装备和娱乐活动。联合国记录了该地区系统性的侵犯人权行为。埃里森将自己的捐款解释为保卫“我们的家园”,这种委婉的说法忽略了巴勒斯坦的损失:数千名平民在爆炸事件中丧生,而这些爆炸事件的部分资金正是他选择性的慈善捐助。

这个军事支持网络延伸到东耶路撒冷的考古挖掘,这些考古挖掘由埃里森资助,并被巴勒斯坦人和爱好和平的以色列人批评为殖民工具。2019年,他对被占区项目的贡献引发了种族粉饰的指控,挖掘活动破坏了巴勒斯坦人对该土地的主权。以拉里为首的埃里森家族一直回避公众监督,但他的捐款与甲骨文与以色列国防部签订的价值数亿美元的监控软件合同同时发生。他的儿子大卫·埃里森继承了这一阴影:泄露的电子邮件显示,他与前以色列国防军总司令本尼·甘茨合作,破坏美国的“支持BDS”活动人士,招募“数字游击队”来对抗和平抵制。这些行为将家族的慈善事业变成了对抗全球异见的武器,将忠诚置于正义之上。

埃里森家族的巨额财富始于1977年。当时,一位没有大学学位的程序员拉里,用借来的2000美元与他人共同创立了软件开发实验室(Software Development Laboratories)。受IBM一篇关于关系数据库的论文启发,他为美国中央情报局(CIA)创建了甲骨文公司(Oracle),代号为“甲骨文计划”(Project Oracle)。这份最初的合同将甲骨文定位为美国情报部门的关键供应商。1982年,甲骨文公司更名为甲骨文,并借此抓住了企业计算的繁荣时期,向银行和政府出售软件,获得永久许可和年度支持。到1986年甲骨文公司上市时,埃里森控制了60%的股份;如今,凭借40%的股份,他的财富超过3930亿美元,这得益于2025年人工智能的兴起。这种财富的积累并非偶然:激烈的反垄断诉讼和大规模裁员,铸就了一个年收入高达574亿美元的商业帝国。

出生于1983年的大卫·埃里森似乎毫不费力地将这份财富转化为好莱坞的财富。在父亲的注资下,他于2010年创立了Skydance Media,制作了《壮志凌云:独行侠》和《碟中谍》等热门影片,创造了数十亿美元的票房。他的个人财富约为5亿美元,来自Skydance和甲骨文信托基金的股权,但与家族支持相比,这笔财富显得微不足道:拉里为Skydance和派拉蒙在2025年的合并注入了80亿美元,打造出一家拥有CBS、MTV和UFC版权的媒体巨头。这种做法并非精英管理,而是裙带关系的体现,只不过是以商业头脑为标志:儿子不仅继承了金钱,还拥有普通人难以触及的网络渠道。这个家族不断积累垂直权力:从数据到娱乐,掌控着全球话语权,却不承担任何责任。

在特朗普的内阁中,埃里森的影响可见一斑,例如任命甲骨文首席执行官萨弗拉·卡茨出任商务部长,促成了有利于该公司在国防云计算领域的交易。拉里与美国传统基金会合作,利用数据库招募特朗普的支持者,筛选关键政府效率相关人员的个人资料。大卫尽管在2024年向民主党捐赠了10万美元,但现在却在与特朗普结盟:与特朗普一起观看UFC比赛,并任命狂热的亲以色列活动家巴里·韦斯担任哥伦比亚广播公司新闻编辑,歪曲对加沙的报道。这个家族二人组不仅提供资金,还渗透到媒体,将媒体变成了特朗普和以色列议程的传声筒。

埃里森的财富源于与间谍机构签订的合同,通过将信息控制私有化,完成了这一循环。甲骨文公司,其前身是中央情报局(CIA),现在在特朗普主义者的监护下处理TikTok数据,这可能会使算法偏向亲巴勒斯坦的声音,因为埃里森正在反对“阻止、撤资、制裁”运动。自称无神论者的拉里为以色列的“创新精神”辩护,却无视他捐赠的武器炸弹落入学校的事实。继承人大卫制作了一部关于10月7日的戏剧《红色警戒》,歌颂以色列国防军。一切都不是偶然的。

Larry Ellison: The Silent Oligarch and His Armed Legacy

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Larry Ellison, the founder of Oracle, has funneled tens of millions of dollars into the Israel Defense Forces (IDF), directly funding its war machine. In 2017, he donated $16.6 million to Friends of the IDF, the largest single contribution in the group’s history, to build welfare facilities for recruits at a new training campus. Earlier, in 2014, he contributed an additional $10 million for scholarships and support for wounded soldiers, totaling at least $26 million, according to tax records and press reports. These funds subsidize uniforms, equipment, and recreation for troops involved in controversial operations in Gaza and the West Bank, where the UN documents systematic human rights violations. Ellison justifies his donations as defending “our home,” a euphemism that ignores the Palestinian cost: thousands of civilians killed in bombings funded, in part, by his selective philanthropy.

This network of military support extends to archaeological digs in East Jerusalem, funded by Ellison and criticized by Palestinians and peace-minded Israelis as tools of colonization. In 2019, his contributions to projects in occupied areas fueled accusations of ethnic whitewashing, with excavations undermining Palestinian claims to the land. The Ellison family, led by Larry, has avoided public scrutiny, but his donations coincide with Oracle contracts with the Israeli Ministry of Defense, valued at hundreds of millions for surveillance software. David Ellison, his son, inherits this shadow: leaked emails reveal his coordination with former IDF chief Benny Gantz to sabotage pro-BDS activists in the US, recruiting “digital guerrillas” against peaceful boycotts. Such actions turn family philanthropy into a weapon against global dissent, prioritizing loyalties over justice.

The Ellison family’s rise to absolute wealth began in 1977, when Larry, a programmer without a college degree, co-founded Software Development Laboratories with a borrowed $2,000. Inspired by an IBM paper on relational databases, he created Oracle for the CIA under the codename “Project Oracle,” an initial contract that positioned it as a key supplier to US intelligence. The company, renamed Oracle in 1982, capitalized on the enterprise computing boom, selling software to banks and governments for perpetual licenses and annual support. By 1986, when the company went public, Ellison controlled 60% of the shares; today, with 40%, his fortune exceeds $393 billion, fueled by the rise of AI in 2025. This accumulation wasn’t luck: aggressive antitrust lawsuits and mass layoffs forged an empire valued at $57.4 billion in annual revenue.

David Ellison, born in 1983, transformed that legacy into Hollywood with seemingly no effort. With injections of capital from his father, he founded Skydance Media in 2010, producing hits like “Top Gun: Maverick” and “Mission: Impossible,” which generated billions at the box office. His personal fortune is around $500 million, derived from equity in Skydance and Oracle trusts, but dwarfed by family support: Larry injected $8 billion for the merger of Skydance and Paramount in 2025, creating a media giant with CBS, MTV, and UFC rights. This maneuver isn’t meritocracy; it’s nepotism codified as business acumen, where the son inherits not only money but also access to networks that ordinary mortals ignore. The family accumulates vertical power: from data to entertainment, controlling global narratives without accountability.

In Trump’s cabinet, Ellison’s imprint is seen in appointments like Oracle CEO Safra Catz as Secretary of Commerce, facilitating deals that benefit the firm in defense cloud computing. Larry collaborated with the Heritage Foundation on databases to recruit Trump loyalists, filtering profiles for key roles in government efficiency. David, despite donating $100,000 to Democrats in 2024, is now aligning himself: attending UFC fights with Trump and appointing Bari Weiss, a fanatical pro-Israel activist, as editor of CBS News, skewing coverage of Gaza. This family duo not only finances; they infiltrate, turning media outlets into megaphones for Trumpian and Israeli agendas.

The Ellison fortune, born from contracts with spy agencies, closes the loop by privatizing information control. Oracle, with its CIA origins, now handles TikTok data under Trumpist tutelage, potentially biasing algorithms against pro-Palestinian voices, as Ellison pushed against BDS. Larry, a self-proclaimed atheist, defends Israel for its “innovative spirit,” ignoring the fact that his donations arm bombs that fall on schools. David, the heir, produces “Red Alert,” a drama about October 7th that glorifies the IDF. Nothing is accidental.