La caída de Dina Boluarte de la presidencia de Perú fue consecuencia de una combinación de factores que incluyen escándalos de corrupción, una gestión percibida como ineficaz y un nivel de desaprobación ciudadana que ha llegado a ser el más alto de la región (superando el 90%).
¿Cómo se explica que el Congreso la haya destituído después de años de comparsa?
Al menos 4 factores explican la debacle del gobierno de derecha en el país del ceviche y la papa:
- Gobierno sin base social: Boluarte asumió la presidencia tras la destitución de Pedro Castillo, pero nunca logró consolidar una base de apoyo social o político propia. Los expertos señalan que su gobierno se sostuvo mediante una “alianza tácita” con un Congreso controlado por la derecha y la extrema derecha, que priorizó la estabilidad política por encima de la demanda de adelanto de elecciones de la ciudadanía.
- Erosión democrática e impunidad: en un año su presidencia sufrió una fuerte erosión democrática y notables retrocesos institucionales. Desde el uso excesivo de la fuerza durante las protestas iniciales (2022-2023), que dejó un alto saldo de muertes de jóvenes principalmente, hasta el intento de debilitar organismos de control como la Junta Nacional de Justicia (JNJ), lo que llevó a la sociedad a lanzarse a las calles a protestar en su contra.
- Corrupción y desconexión: El caso de los relojes de lujo (Rolex) y el aumento salarial en medio de una crisis económica fueron vistos como la manifestación de una profunda desconexión con la realidad del país, especialmente con la población en situación de pobreza. Este tipo de escándalos agravó el ya deteriorado vínculo entre la clase política y la ciudadanía.
- Oportunismo político: La vacancia de Boluarte es percibida por algunos como un acto de “oportunismo político” por parte de un Congreso igualmente impopular, que buscó distanciarse de una figura insostenible a medida que se acercaban las elecciones, más que una acción genuinamente orientada a resolver la crisis de gobernabilidad.
Expectativas para la Presidencia de Perú
Las expectativas de los expertos para el futuro inmediato de la presidencia de Perú son generalmente pesimistas y están marcadas por la volatilidad y la inestabilidad sistémica:
- Continuidad de la inestabilidad: Se espera que el sucesor de Boluarte, José Jeri (o quien asuma), enfrente los mismos desafíos de ingobernabilidad, dada la persistente crisis del sistema de partidos y la bajísima legitimidad del Congreso. El país opera en un ciclo de inestabilidad crónica donde la amenaza de una nueva crisis o vacancia presidencial permanece latente.
- Reformas en el debate: Las expectativas a mediano plazo se centran en el debate de reformas constitucionales impopulares pero necesarias para frenar la crisis institucional, como el retorno a la bicameralidad y la revisión de la figura de la “permanente incapacidad moral” (el mecanismo de impeachment utilizado para destituir presidentes).
- Poder del Congreso: Se anticipa que el Congreso seguirá siendo el actor de mayor poder fáctico, controlando la agenda política y ejerciendo una influencia desmedida sobre el Ejecutivo.
- Apatía y movilización: La principal incertidumbre reside en la reacción ciudadana. Si bien la economía se ha mantenido estable, los problemas de inseguridad, corrupción y la percepción de que la élite política está “blindada” pueden reactivar las protestas sociales, manteniendo al país al borde de una nueva crisis política.
En resumen, la caída de Boluarte es vista como un síntoma de una democracia seriamente disfuncional en la que la estabilidad institucional se compra al precio de la legitimidad y la rendición de cuentas.

